¿Qué emoción suscita en ti la lectura del poema?

Somos nuestro leguaje

Hace ya casi dos años, cuando empecé a trabajar en la Un iversidad Científica del Sur, me asignaron, entre otras, la cátedra de la asignatura denominada "Lengua y Comunicaciones".

Durante mi experiencia como maestra en "Los reyes rojos" , enseñé en varias oportunidades este "curso". Ahora, con un auditorio distinto, el reto seguía siendo el mismo: hacer notar a los jóvenes, otrora niños, que la Lengua no es una asignatura , escolar o universitaria, con las labores, pesadas , absurdas o ininteligibles, que una materia supone. Muy lejos de eso, es la herramienta fundamental con que los seres humanos nos comunicamos; con nuestro yo interno, íntimo, único e irrepetible, en primer lugar; y, con "el otro", ese que como yo a él, me necesita para convertirse en humano.

Luis Jaime Cisneros afirma que antes de la palabra, el mundo aparece indiferenciado. El "verbo" nombra, define, delimita. El mundo está allí, independientemente de nuestra voluntad; nos apoderamos de él cuando lo nombramos. Pienso ahora en las reflexiones que hacía mi profesor de Etnohistoria andina, el historiador Franklin Pease G.: los cronistas españoles encontraron un mundo a tal punto nuevo y desconocido, que llamaron a las cosas de acuerdo a su cosmovisión, asignando vocablos de la lengua de Castilla, a realidades que no se condecían con las del Viejo Mundo. Así, falsearon la historia; tendieron un manto de bruma sobre nuestro ser nacional.

El hombre (la mujer) no puede hablar de lo que no conoce; solo en la experiencia encuentra la necesidad de abstraer: surge el concepto, la idea. Cuanto más amplio, abierto, diverso, sea nuestro contacto con el mundo, mejor hablaremos; nuestro discurso reflejará de forma más certera aquello que percibimos a través de nuestros sentidos, de nuestra inteligencia, de nuestra emoción.


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Poema Ítaca

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo
lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita emoción
penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los Lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo
que sean muchos los días de verano
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano y ámbar;
y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades de Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisa tu camino;
mejor será que dure muchos años;
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Si ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañdo.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Konstantin Kavafis

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